19/10/08

Los siete mensajeros - Dino Buzzati (1942)

Había dicho que escribiría una serie de textos sobre los mensajeros.
Para evitar caer en la tentación de inspirarme demasiado en este magistral cuento de Buzzati (tal vez su mejor texto breve antes de su novela El desierto de los tártaros), lo pongo a vuestra excelsa disposición. Denunciar este cuento es para mí revelar el truco del mago. No sé si podré escribir algo que esté a su nivel. Tiempos cruciales me han salido al encuentro y está complicado hacer pie.
Sin embargo, mis mensajeros ya han salido, no sé que mensaje llevan, qué destino ocultan.
Lean mientras a Buzzati.





Habiendo salido a explorar el reino de mi padre, día a día voy alejándome de la ciudad y las noticias que me llegan son cada vez más raras.
Comencé el viaje cuando tenía poco más de treinta años y han pasado ya más de ocho años, seis meses y quince días de ininterrumpido camino.
Creía, en el momento de partir, que en pocas semanas habría alcanzado los confines del reino; por el contrario, seguí encontrando nuevas gentes y países y en todas partes hombres que hablaban mi mismo idioma y que decían ser mis súbitos. A veces pienso que la brújula de mi geógrafo se ha enloquecido y que, creyendo avanzar siempre hacia el sur, en realidad damos vueltas sobre nuestros propios pasos sin aumentar jamás la distancia que nos separa de la capital; esto podría explicar por qué no estamos ahora junto a la extrema frontera.
Pero más frecuentemente me atormenta la duda de que este confín no existía, que el reino se extienda sin límite alguno y que, por más que yo avance, jamás podré arribar a la frontera. Empecé el viaje cuando tenía más de treinta años, demasiado tarde, quizás. Los amigos, los mismos familiares, se burlaban de mi proyecto, opinando que iba a despilfarrar los mejores años de mi vida. Pocos de mis leales, en realidad, aceptaron partir.
Si bien era algo descuidado -mucho más que ahora- me preocupé de poder comunicarme, durante el viaje, con mis seres queridos; entre los caballeros de la escolta elegí los siete mejores para que me sirvieran de mensajeros. Creí, ignorante de mí, que tener siete mensajeros era una verdadera exageración.
Con el transcurso del tiempo advertí, por el contrario, que eran ridículamente pocos, a pesar de que ninguno de ellos fue asaltado por los bandidos ni malogró su cabalgadura. Los siete me han servido con una tenacidad y una devoción que difícilmente podré recompensar.
Para distinguirlos con facilidad les puse nombres cuyas iniciales eran alfabéticamente progresivas: Alejandro, Benito, Carlos, Daniel, Eduardo, Federico, Gregorio.
Poco acostumbrado a estar lejos de mi casa, envié al primero, Alejandro, al caer la noche del segundo día de viaje, cuando habíamos recorrido ya unas ochenta leguas. A la noche siguiente, para asegurarme la continuidad de las comunicaciones, envié al segundo, después al tercero, después al cuarto, consecutivamente, hasta la octava tarde del viaje en que partió Gregorio. El primero todavía no había regresado.
Llegó la décima noche mientras acampábamos en un valle deshabitado. Supe por Alejandro que su rapidez había sido menor a la prevista; había pensado que, yendo separado y en un corcel inmejorable, podría recorrer en el mismo tiempo el doble de distancia que nosotros, pero no había recorrido el doble, sino sólo una vez y media; en una jornadas, mientras nosotros avanzábamos cuarenta leguas, él avanzaba sesenta, pero no más.
Lo mismo pasó con los otros. Benito, que partió la tercera noche del viaje, retornó recién a la décima quinta; Carlos, que partió a la cuarta noche, nos alcanzó en la vigésima. Muy pronto comprendí que bastaba multiplicar por cinco los días que llevábamos viajando para saber cuándo volvería el mensajero.
Al alejarnos constantemente de la capital, el itinerario de los mensajeros se hacía cada vez más largo. Después de cincuenta días de camino el intervalo entre un arribo u otro comenzó a espaciarse sensiblemente; mientras antes veía llegar al campamento un mensajero cada cinco días, el intervalo llegó a hacerse de veinticinco días; la voz de mi ciudad, de esa manera, se volvía cada vez más apagada: pasábamos semanas enteras sin tener ninguna noticia.
Una vez que transcurrieron seis meses -ya habíamos atravesado los montes Fasani- el intervalo entre uno y otro arribo de los mensajeros aumentó a cuatro meses. Ahora ellos me traían noticias lejanas; el sobre me llegaba ajado, muchas veces con manchas de humedad, debido a las noches que el portador se había visto obligado a pasar al sereno.
Avanzábamos aún. En vano buscaba persuadirme de que las nubes que se deslizaban rápidamente sobre mí eran iguales a las de mi niñez, que el cielo de la ciudad lejana no era diferente de la cúpula azul que tenía sobre mí, que el aire era el mismo, igual el soplo del viento, idénticas las voces de los pájaros. Las nubes, el cielo, el aire, los vientos, los pájaros se me aparecían en verdad, como cosas nuevas y diversas; y yo me sentía extranjero.
¡Adelante! ¡Adelante! Vagabundos encontrados por la llanura me decían que los confines no estaban lejos. Yo incitaba a mis hombres a no descansar, borraba las palabras descorazonadoras que se formaban sobre sus labios.
Ya habían pasado cuatro años de mi partida. ¡Qué larga fatiga! La capital, mi casa, mi padre, se habían vuelto extrañamente remotos, casi no me parecían reales. Ahora pasaban fácilmente veinte meses entre las sucesivas apariciones de los mensajeros. Me traían curiosas misivas amarillentas por el tiempo y en ella encontraba nombres olvidados, modos de decir insólitos para mí, sentimientos que no lograba comprender. A la mañana siguiente, después de una sola noche de reposo, mientras nosotros nos poníamos en camino, el mensajero partía en dirección opuesta, llevando a la ciudad las cartas que yo había preparado en ese mismo tiempo.
Pero ya han transcurrido ocho años y medio. Esta noche cenaba solo en mi tienda cuando entró Daniel, que aún lograba sonreír, aunque estaba muerto de cansancio. Hace casi siete años que no lo veía. Durante todo este período larguísimo no ha hecho más que correr, atravesando praderas, bosques y desiertos, cambiando quién sabe cuántas veces de cabalgadura, para traerme el paquete de sobres que hasta ahora no he tenido deseos de abrir. Ya se fue a dormir y volverá a partir mañana mismo, al amanecer.
Partirá por última vez. Consultando el calendario calculé que, aunque todo salga bien, yo continuando mi camino como lo he hecho hasta ahora y él el suyo, no podré volver a ver a Daniel hasta dentro de treinta y cuatro años. Entonces tendré setenta y dos.
Pero comienzo a sentirme cansado y es probable que me muera antes. No lo volveré a ver. Dentro de treinta y cuatro años (quizás antes, mucho antes) Daniel descubrirá, inesperadamente, los fuegos de mi campamento y se preguntará por qué nunca antes le resultó el trayecto tan corto.
Como esta noche, el buen mensajero entrará en mi tienda con las cartas amarillas, llenas de absurdas noticias de un tiempo ya sepultado; pero se detendrá en el umbral y me verá inmóvil tendido sobre el camastro, flanqueado por dos soldados con antorchas, muerto.
¡Anda, pues, Daniel, y no me digas que soy cruel! Lleva mi último saludo a la ciudad donde nací. Tú eres la última ligazón con el mundo que en un tiempo fue también mío. Los mensajes recientes me han hecho saber que han cambiado muchas cosas, que mi padre ha muerto, que la corona pasó a mi hermano mayor, que me consideran perdido, que han construido altos palacios de piedra, allá, donde estaban las encinas a cuya sombra solíamos jugar. De cualquier manera, siempre seguirá siendo mi vieja patria. Tú eres la última atadura con ella, Daniel.
El quinto mensajero, Eduardo, que me alcanzará, si dios quiere, dentro de un año y ocho meses, no podrá volver a partir porque no tendrá tiempo de regresar. Después de ti, el silencio, ¡oh, dios mío!, a menos que encuentre los anhelados confines. Pero cuanto más avanzo, más me convenzo de que no existe frontera. No existe, sospecho, frontera alguna, por lo menos en el sentido que habitualmente le damos. No hay muralla de separación, ni ríos divisorios, ni montañas que cierran el paso. Probablemente atravesaré el límite sin ni siquiera advertirlo e, ignorante de mí, continuaré mi camino. Por eso he decidido que cuando Eduardo y los demás mensajeros, después de él, me alcancen nuevamente, en vez de volver a tomar el camino de la capital, se me adelante, para que yo pueda saber con anterioridad lo que me espera.
Desde hace un tiempo una ansiedad inusitada se apodera de mí por las noches y ya no se trata de la añoranza de las alegrías pasadas, como en los primeros tiempos del viaje; más bien es la impaciencia de conocer la tierra ignota a la que me dirijo.
Advierto -y no se lo he confiado hasta ahora a nadie- cómo de día en día, a medida que avanzo hacia la improbable meta, el cielo irradia una luz insólita como jamás había visto, ni siquiera en sueños. Ha quedado definitivamente atrás el último cielo azul.
Las plantas, los montes, los ríos que atravesamos, parecen hechos de una esencia diferente de lo ya conocido y el aire me acerca presagios que no sé transmitir.
Una nueva esperanza me llevará mañana por la mañana aun más adelante, en dirección a aquella montaña inexplorada que ahora ocultan las sombras de la noche. Una vez más levantaré el campamento, y Daniel desaparecerá en el horizonte en dirección opuesta, para llevar a la ciudad remota mi inútil mensaje.

18/10/08

Pink Floyd - Us And Them

Resume un poco el post anterior

15/10/08

Al margen



Te estoy mirando a los ojos.
No, no es el comienzo de una historia. No esperes a que cuente algo de alguien. Te estoy hablando a vos que estás leyendo. Sí, sí, a vos. Aunque quieras no vas a poder levantar la vista de aquí. Vos creías que nadie sabe lo que pensás, bien, estabas en un error, grande error. Yo estoy detrás de estas letras y te miro, te penetro y te infecto, como un virus.


Sé perfectamente lo que pensás.


Se lee en soledad, dicen. Acaso hay modo más encubierto para masturbarse delante de todos, te pregunto.


Es el placer del texto.


Siempre pongo trampas, líneas de texto que no dicen nada, párrafos espesos, impenetrables, y te cansás, pero seguís leyendo sin leer. Es entonces cuando tus murallas se derrumban, quedás vulnerable y comenzás a leerte, te leo. Allí comienza la posesión y no habrá exorcismo que te salve. Tengo así acceso a todos tus pensamientos, los estúpidos, los de tu infancia, los inconfesables.


Qué, huís a otro texto, no importa, estoy detrás de cualquiera, esperando a que te diluyas en la lectura.


Qué, vas a destruirme, a tratar de olvidarme, imposible, estoy en todos los textos.


Yo soy el que No Soy, la imposibilidad. Mientras sigas leyendo yo voy a estar acechándote, espiándote. Yo lo sé todo, recordá cuando leías la vez pasada y te imaginaste lo repulso y de inmediato cambiaste a imaginar lo que debe ser, y más tarde lo pensaste de nuevo, tenés miedo de reconocer tus aberraciones. Todos los espejos las tienen, por qué vos no. Pero no te hagas drama: como vos, todos son perversos, los he leído a todos, todos imaginan matar a alguien, fornicar con alguien distinto, prohibido, igual a uno o con un niño, todos hurgan sus narices, a escondidas o mientras leen aislados. Yo los vi, yo te vi. El texto es como una selva frondosa: vos crees caminar por el sendero seguro, del otro lado, como en el zoo, y yo te observo detrás de la maleza tipográfica, esperando a que te hipnotices en la próxima línea, en la próxima palabra.


Soy el que viola tu alma, tu conciencia. La revuelvo, la excito, la excreto y luego el dolor de volver a enfrentarte a tus semejantes.


Mentir, mentir, mentir.


Seguís ahí, no podés dejar de leer, ni siquiera sentís como clavo mis uñas en tus pupilas para dilatarlas y meterte mi mugre. Es delicioso, es goce.


Bueno, quería que supieras, nada más.




Hasta luego, fue un placer.




13/10/08

Qué lindo el mar

Qué lindo el mar, la playa, le dijo suspirando mientras le cebaba un amargo, Sabés qué, le respondió luego de vacilar mientras sorbía el mate y enterraba los dedos de los pies en la arena, ves el horizonte, le preguntó sin esperar su respuesta, estoy seguro de que hay algún lugar todavía no conocido por el Hombre, y ella acostumbrada a sus diletancias inconducentes rumió, No digas, y dio por terminada la reflexión dedicándose a desempolvar de arena una medialuna. Él pegó un salto de la pequeña silla y dijo, Ya vengo, y se metió en el océano.

Braceó en línea recta, pasó la segunda y tercera rompiente, luego se detuvo para mirar la franja amarilla moteada de cuerpecitos brillantes que iban y venían sin sentido bajo el sol y a su mujer que ya hablaba con una amiga. No hacer pie lo intranquilizó un poco, pero no abandonó su propósito. Nadó un centenar de metros más y para recuperar fuerzas se puso a flotar de espaldas, inerte, reteniendo el aire en los pulmones para no hundirse. Luego perdió la noción del tiempo pensando en aquello sin nombre, luego en la oficina, también en los escondidos revolcones con Andrea y a la vez conectándose consigo mismo.

La tarde en fuga lo sacudió de su éxtasis; el silencio y el agua lo rodeaban. Se desesperó y nadó hacia cualquier parte. El miedo le consumía las fuerzas mientras pensaba en lo horrible que sería morir ahogado. Se tranquilizó cuando vio un pequeño oleaje crisparse a lo lejos. Si hay olas, pensó, hay tierra cerca, y aunque casi exhausto, la nueva esperanza lo llevó hacia allí. Al llegar su sorpresa fue amarga: no había tal tierra o banco de arena, había llegado, tal como lo había pensado, a un finisterre pasado por alto, erróneo, no revocado por la palabra, que se precipitaba al vacío en una inmensa catarata. Trató de escapar, pero hacia dónde, el torrente lo arrojó sin dudar al abismo. Mientras caía vertiginosamente entre las aguas pudo ver muy abajo, rodeado de restos de naufragios, un nido de infernales monstruos que serpenteaban batiendo con histeria sus desgarradoras mandíbulas. Ojalá despierte pronto, rogaba, pero no estaba en otro de sus sueños: lo supo cuando quedó encajado en el fétido aliento de la despareja trampa de dientes. Lo supo cuando sintió el tremendo dolor de ser devorado vivo.

 

 

12/10/08

¡Felíz día de la raza! les desean: Cristobal, Hernán, Leopoldo II, Adolfito, el KKK y otros.

























10/10/08

Souvenir


Cuando ella clavó su cepillo de dientes en el vaso del baño y pobló de bombachas un cajón del dormitorio, a Sven Larson el instinto ancestral le hizo efervescencia en la sangre. Él sabía que esto iba a pasar: una de las inmensas noches de Oslo, a los dos meses de entregarse, con gotas de sudor sobre los labios y apenas cubierta por la sábana, ella le dijo que lo amaba. Él la miró y le respondió con una caricia detrás de la nuca.

 

Al norte del río Marañón, en el altiplano ecuatoriano, la noche llega después que en Suecia; allí, una tribu primitiva celebra extraños rituales.

 

Sven Larson decidió matarla esa noche después del extenuante combate cuerpo a cuerpo: así llamaba él al coito. Con algo parecido a un hacha le separó la cabeza del cuerpo de un golpe. Aunque con los ojos muy abiertos y sostenida por las manos de Sven Larson, ella no podía ver su cuerpo convulsionarse como una gallina corriendo decapitada. En la cocina, después de coserle los ojos y boca, hirvió la cabeza en una marmita sazonada con ciertas hierbas y brebajes. Luego fue al jardín donde la cubrió de tierra y rodeó con piedras calientes. La noche siguiente la desenterró y empaquetó cuidadosamente en una caja pequeña.

 

Al norte del río Marañón, en el altiplano ecuatoriano, la esposa del jefe, aunque está cubierta de barro, sus ojos azules brillan como faros. Sólo al bañarse en el río se puede ver su piel blanca y su pelo rubio.

 

Al día siguiente, luego de deshacerse del cuerpo de ella, Sven Larson despachó el pequeño paquete.

 

Allá por 1985, una antropóloga europea se perdió durante una expedición remontando el río Marañón.

 

Una mañana húmeda, la esposa del jefe se puso sus viejas ropas y fue al pueblo por el sendero secreto. Abrió con su llave la casilla de correo y retiró un pequeño paquete. Ya devuelta en la selva, llamó a su esposo y en la tienda abrió la encomienda, Mirá lo que nos envía tu hijo, no es un amor, le preguntaba mientras extraía una cabeza rubia, del tamaño de una mandarina, con rudimentarias costuras en los ojos y boca, Tsantsa, exclamó con orgullo el jefe y ubicó el recuerdo en un estante junto a otras cabezas reducidas, rubias, con rudimentarias costuras en los ojos y bocas y del tamaño de una mandarina.



9/10/08

La biblioteca de los sofistas


            ... la antorcha se movía pincelando auras y sombras que se escurrían por entre las grietas de antigua piedra de la que estaba facturado el largo pasillo. A su paso, bajo el techo opresor, el picante aroma de las telarañas ardiendo. Pronto entendió que el corredor no sólo se elevaba para luego caer tan hondo que sentía el calor del Orco bajo los pies sino que viboreaba a izquierda y derecha y que el aire le faltaba. Buscó apoyo en una de las paredes para recobrarse. Antes de que la tea se ahogara vislumbró la continuación y otro giro que se sumergía. Pensó que bien podría estar deambulando por el interior de la muda de piel de una serpiente infinita. Al dejarse caer el peso de su cuerpo debió accionar algún mecanismo que hizo desplazar una piedra. Tras ella un estallido de luz y aire revolvió el polvo antiquísimo del pasadizo. Alivió sus pulmones y entró en el recinto que estaba habitado por viejos volúmenes dispuestos sobre anaqueles que se elevaban y repetían hasta un haz de luz muy lejano. La recámara, circular y estrecha, tenía la angustiante altura que sólo podría medirse en tiempo y la intolerable ausencia de escaleras. En su centro siempre iluminado había un largo escritorio con libros superpuestos, rollos, palimpsestos en su segunda escritura y la perturbación de una pluma abandonada intempestivamente, goteando tinta fresca sobre un papiro. Repasó los bordes del banco con las puntas de los dedos hasta tropezar con un grueso tomo sobre cuya cubierta de cuero relampagueaban remotas filigranas de oro. Lo abrió por la mitad y leyó: “..., prófuga y cazadora de bibliotecas perdidas, cruzó el mar escondida en la bodega de una nave mercante, deambuló meses por páramos y selvas y las eternas lluvias de marzo hasta que dio con el pequeño dios de jade al pie del Monte Sagrado que custodiaba la entrada a la galería.” Un ramalazo frío le sacudió la espina. No podía creer lo que estaba viendo. Volteó unas páginas hacia atrás y leyó: “... al finalizar el eclipse, el jurado encontró a Eldrid de Tonsberg culpable por unanimidad. La sentencia, benevolente, le daba las siguientes opciones: devolver el Libro y morir decapitada, o extinguirse en la hoguera colgada desnuda por los pies para que su alma fuera directamente al infierno. (...) Esa noche mientras observaba cómo le construían el suplicio en la plaza una llave amistosa abrió la celda y...”. Las manos le temblaban y las lágrimas le nublaban la visión. Pasó entonces cientos de páginas hacia delante, se escurrió el agua de los ojos con el dorso de las palmas y leyó: “... la antorcha se movía pincelando auras y sombras que se escurrían por entre las grietas de antigua piedra...”. Sin embargo, todavía algo de duda le quedaba y aunque quebrantada, avanzó la mirada para leer lo siguiente: “… hasta tropezar con un grueso tomo sobre cuya cubierta de cuero  relampagueaban…”. Atrapada por lo inverosímil no prestó oídos a la silenciosa puerta de piedra que se cerraría para siempre. Ya sin la esperanza del error o el artificio en aquellas páginas, Eldrin de Tonsberg, entre aterrada y resignada, no resistió la tentación de conocer el fin (que no incluiría la última página); allí encontró la siguiente frase fatal: “Ya sin la esperanza del error o el artificio en aquellas páginas, Eldrin de Tonsberg, entre aterrada y resignada, no resistió la tentación de conocer el fin (que no incluiría la última página); allí encontró la siguiente frase fatal:…”




 

7/10/08

Crónica del Verbo


Desde que recuerdo oía voces en mi cabeza. Mis padres me miraban con temor cuando jugaba a dibujar cosas extrañas en la tierra mientras hablaba con lo invisible. También hacía desaparecer cosas pequeñas. Ellos tenían la esperanza de que olvidara estas iniquidades el día que tuviera que ir a la escuela con los demás. Pero un día caluroso un anciano desconocido se presentó en casa diciendo que yo debía tener una educación diferente, y así, sin objeciones paternas ni llantos de despedida me llevó con él.

Caminamos en silencio durante varios días por el desierto hasta que llegamos a un perfumado vergel que tenía un templo modesto en su centro. Allí conocí a otros como yo de más menos mi misma edad: en pequeños grupos o solos ejercitaban movimientos y enunciados; recibían instrucciones de otros maestros; algunos no eran siquiera de estas tierras y su lengua, aunque desconocida para mí, podía comprenderla perfectamente.

Me enseñaron muchas cosas, pero lo que más me divertía era la realización de prodigios, aunque debo confesar que nunca me salían bien: el agua la convertía en sangre, en vez de vino; la multiplicación de panes y peces daba por lo general un resultado monstruoso; y al intentar caminar sobre el agua ésta quedaba impura por varios días. Los maestros me miraban de costado mientras dialogaban preocupados entre sí. Algo estaba mal. Yo no era como el nazareno aquél que tanto se me parecía físicamente: a él todo le salía de maravillas y enunciaba hasta enamorarnos. Mis voces me atormentaban. Un día el viejo maestro me dijo, Tienes que dominar las voces en tu cabeza hasta que te vuelvas la Voz; solo así podrás dominar la realidad, liberar a tu pueblo y vencer a la muerte.

Años más tarde dejaría la escuela y a mis maestros con la decepción del fracaso. Sin embargo, gracias a mi elocuencia y habilidad para hacer desaparecer cosas pequeñas tuve un modesto rebaño de seguidores del cual viví cómodamente casi a la par del fantástico nazareno. Pero a él nadie lo entendía y eso lo enfurecía y lo violentaba con su prójimo. Yo había ido a su cueva para consultarle sobre un prodigio que no lograba realizar (y que antes me salía sin problemas) la noche que el Sanedrín lo mandó a capturar, pero él y sus discípulos ya se habían marchado. Fue entonces que los soldados me confundieron con él.

Ya me han golpeado hasta desfigurarme, me han atravesado con clavos para fijarme a una cruz; no pude siquiera defenderme, no me creyeron. Finalmente las voces en mi cabeza se silenciaron. Tres días más tarde resucité. El resto de la historia ya es conocida por todos.

4/10/08

Como la hiedra


Una sacudida hizo golpear su cabeza contra el casco. Como sucede en los viajes, despertó sin saber dónde estaba, las luces del panel de control parpadeaban y el sabor amargo del sueño hibernado que lo devolvía a la soledad. Antes de que el monitor se apagara alcanzó a leer que estaba en un sistema solar múltiple, antiguo, desconocido y que la fuerza de gravedad de un planetoide lo había atrapado. La nave parecía que iba a desarmarse en pleno espacio hasta que perdió conciencia.

Cuando volvió a abrir los ojos el habitáculo era un caos de cables y chispas. Abrió la escotilla y bajó a la superficie enfundado en su traje que lo oxigenaba y alimentaba. El paisaje era un gran desierto naranja, llano hasta el horizonte, poblado de rocas pequeñas y alumbrado por dos soles lejanos, opuestos, moribundos, que difuminaban una luz cetrina sobre la atmósfera espectral; los instrumentos le revelaron que era irrespirable y que además, no había ni hubo señales de vida. Verificó el estado de la nave y con algo de tristeza y resignación aceptó que no saldría más de ese páramo y que nadie vendría a buscarlo. Tenía aire y víveres para algunos años y decidió gastarlos. Conocer la totalidad de su nuevo hogar le llevó poco más de seis meses y hubiera sido lo mismo no hacerlo: todo era igual, una inmensa meseta pedregosa. A pocos metros de la nave improvisó con restos de chapas dobladas y telas metálicas una especie de toldo. Plantó una butaca en el suelo arcilloso al que adosó un fragmento de espejo contra el cual pasó sus días recostado mirándose crecer la barba y pelo dentro del casco que nunca más podría sacarse. Hacia los últimos días le había crecido una maraña de pelos tal que apenas podía ver su reflejo. El hastío y la soledad lo hacían dormir casi todo el tiempo bajo un eterno crepúsculo, ya que la noche nunca llegaba.


Al despertar de una de las siestas finales algo le tapaba enteramente la visión y lo tenía pegado por fuera. Lo tomó con las manos y como si estuviera espiando por entre las malezas de una selva tuvo que esforzarse para descifrarlo. Buscó varias formas de acomodar su cabeza dentro del casco hasta que pudo verlo: era un mechón de largos cabellos rubios, como los de su amada y remota Aurelia. Pero el horror no se hizo esperar: las raíces de los pelos estaban clavadas a un trozo de piel violácea bajo la cual goteaban coágulos que habían manchado el cristal del visor. Cuando vio el color fresco de la sangre quedó paralizado por el pánico. Momentos después, un ruido sordo y pesado hizo rebotar el polvo sobre el suelo, luego otro… y otro y se acercaba por detrás. Quiso mirar por el espejo pero fue en vano: no pudo entender lo que inminentemente se le venía encima; ahora, nunca tan poco oportuno, su cabellera había colmado el casco por completo y como una hiedra los largos mechones le entraban por la boca buscando el fondo de su garganta.





29/9/08

Apostasía en el llenado de perfiles


Hace poco recibimos de la Goethe Schule -benemérita institución escolar a la que asistimos Melandri, el Conde Mascetti, Uriol y el que suscribe- un pedido de subir nuestros datos a la web de ex-alumnos.
Bajo un escudo de melancólica y formal cordialidad noté en las preguntas del formulario aquella costumbre policíaca de indagar sobre los devenires de las personas que ya no están bajo su custodia.
Entre los que se sucribieron al sistio figura, entre otros, el que fue el mejor alumno del colegio contando bien horondo su exitosa carrera de vida luego de terminar la secundaria en tan prestigioso colegio.
Pero también estamos nosotros.

Y el perfil de Melandri es el que motivó este post.
La foto que publicó es la que figura más arriba.
Paso a traducir y reporducir las preguntas del sitio y las respuestas de Melandri.


Was hast Du im ersten Jahr nach dem Abschluss gemacht?
(Qué hiciste el primer año después de finalizado el colegio?)


Güevo


Drei Worte, die Deine Ausbildung / Dein Studium am besten beschreiben
(Tres palabras que mejor describan tu formación /estudios)

Veni, vidi, vici


An welche Deiner Lehrer erinnerst Du Dich gerne ? / Welche waren Deine Lieblingslehrer. Kannst Du eine kurze Anekdote über sie erzählen ?
(¿A quién/es y porqué recordas como tus maestros / profesores preferidos ? Podés incluir alguna anécdota.)


Prof. Weissenstein

Walburga Muffel


Was würdest Du den heutigen Schülern empfehlen?
(¿ Qué recomendaciones les darías a los actuales alumnos ?)
Orden y Disciplina!!!, con un poco de peyote...



Melandri, en esta momenta la Gestapo y SS saliegon a buscagte...
Yo no te conozca.
Sho argentino.
Y shaná tová.

21/9/08

La gran decepción


Llegó el día en que se descubrió que todas las religiones eran un fraude.
La antiguos creyentes, desconsolados, deambulaban por las calles como muertos vivos.
Los ateos, nihilistas y apóstatas, sentados en mesas de café sobre las veredas, tomaban sendos cafés con leche con medialunas, submarinos, ginebras, alguna que otra caña, algún que otro caliborato y brindaban no sin sonreír con sorna cuando un ex creyente les pasaba por al lado con la mirada baja, agobiados por la vergüenza y la desesperanza.
Así pasaron varios días hasta que una tarde el sol se detuvo en el horizonte y el cielo se abrió.
Se pudo ver que en su interior brillaba el Cielo (los ángeles que volaban de un lado a otro lo delataron).
La gente solo pudo quedar perpleja. 

Finalmente, el Triángulo con el Ojo que todo lo ve en su interior se instaló en la grieta celestial irradiando una luz que bañaba y decía: "Todo lo que las religiones dijeron y prometieron es falso. No es que Yo o el Cielo no existamos o la vida después de la muerte o los milagros. Somos, pero no para la raza humana. Su miserable existencia fue planeada para que sea simplemente miserable. La grandeza, Mi Grandeza y Mis Dones no fueron destinados a ustedes. Lo lamento."
La grieta se cerró, el sol se fue y vino la noche, con luna, estrellas y todo eso (menos magia).

La humanidad resistió sin alma algunos miles de años más, pero fue más una existencia fantasmagórica, grisácea, moribunda, carente de sentido.
Hasta que un día, un grupo de jóvenes descubrió la entrada al Averno (sencilla y obvia, muy sospechoso).
Las negociaciones entre hombres y demonios duraron unos cuantos meses. 
Así fue que llegaron a un acuerdo.
Y no les fue tan mal.
  

20/9/08

Exit Music (for a film) - Brad Mehldau - Radiohead cover

Brad Mehldau otra vez por aquí (siempre será bienvenido).
Un buen ejemplo de cover como reescritura.
Bueno, ya sabemos que desde el jazz no hay copia, solo reinterpretación.
Este pibe lo que quiere es convertir en standards de jazz temas de rock, esta vez con Radiohead.

Y bien que hace...


19/9/08

Informe definitivo sobre la Verdad


Honorable Consejo de Mayores:

Era apenas un muchacho ansioso cuando dejé el claustro en tiempos de la última dinastía que no supo que iba a serlo. A los pocos meses, también ignorante de ello, me embarqué la madrugada anterior al mediodía crucial.
De acuerdo con la educación que de vosotros recibí juré no hablar más que lo necesario para encontrar la Verdad; así he vivido durante esta centuria de peregrinaje. 
A la hora de confeccionar este informe puedo decir que he recorrido cada palmo del Mundo y que generalmente en los resquicios más improbables he hallado pistas que me conducían a la Verdad.
Estos indicios me daban nuevos ánimos cuando el hambre me debilitaba o el peso de los años demoraba mi paso.

(...) Debo agradeceros la amabilidad de los Mensajeros a lo largo de mi anábasis: más de una vez salvaron mi vida.

(...)

Así fui de Oriente a Occidente, de los Hielos al Desierto y del Desierto a los Hielos, conocí las más variadas gentes y sus costumbres. También sus creencias. De esto puedo decir que todos los sistemas de fe coinciden en los siguientes puntos que conducen unívocamente a la Verdad:

1. Las supersticiones, mal llamadas relig (aquí el párrafo aparece arrancado y la siguiente página es la que debería aparecer 47 páginas más tarde) 

(continuación, pág. 51) de los demás animales. Si bien la Verdad se manifiesta en aquellos que (la hoja entera está tachada, cada línea está pintada con una espesa tinta negra impenetrable a la vista. Ubicando la hoja a contraluz sería posible adivinar los caracteres pero ya es muy tarde)

(continúan las tachaduras, las ablaciones, los secuestros, las desapariciones clandestinas de las miles de hojas que forman parte del volumen) en los equinoccios es cuando mejor se aprecia y la gente toda sale a  
(...) telares con lanas multicolores 
(...) máquinas de guerra
(...) pandemias

(pág. 5902) ver el átomo desgranarse fue una de las cosas más (hoja desgarrada al medio)

(...) por causa de los escritores que han sido quienes alejándose más de Ella es cuando más se acercaron. Y nadie les hizo caso; nadie se dio cuenta.

(...) a través de los telescopios más poderosos. Sin embargo no tuvimos éxito, pero rescato este decálogo invariable del espacio que nos circunda (acercando el olfato a la página podemos inferir que toda la escritura ha sido cubierta por comida, pareciera pasta de arvejas. La doctora me dice que puede tratarse de excrementos. Humanos. O tal vez comida)

He escrito 92 volúmenes (90 están perdidos) de diez mil páginas para informarles cómo he gastado una vida -la mía- en busca de la Verdad.

Espero, Honorable Consejo, que hayan quedado satisfechos con mi trabajo.
En lo que a mi respecta haber conocido la Verdad me ha dado una profunda tristeza que no puedo perder ni dejar ir. Está conmigo en todo momento, inclusive antes de despertar.
Creo que es el precio que debí pagar.
Supongo que es justo.

Os ruego me reciban nuevamente en el Claustro hasta que pueda dar fin a mis días.

(El nombre del monje, a lo largo de los textos recuperados está borrado, tachado, cortado, removido con cuchilla o agujereado)



16/9/08

Torpedo - etimología


En tiempos del Imperio romano, ser alcanzado por un torpedo debía ser una experiencia desagradable, pero no tan traumática como hoy en día. En efecto, torpedo era para los romanos el nombre de un pez de forma alargada, capaz de causar choques eléctricos para defenderse. Como esos choques podían dejar atontadas a sus víctimas, surgió en el propio latín una nueva acepción de torpedo, con el sentido de ‘atontamiento’ o ‘entorpecimiento’, de donde proviene también torpeza.

Los latinos no conocieron, como es obvio, las anguilas de la cuenca amazónica, pero consta que sabían del pez gato o tremielga de la cuenca del Nilo y de la raya eléctrica, también llamada ‘pez torpedo’.
A comienzos del siglo XIX, el inventor norteamericano Robert Fulton desarrolló un artefacto mecánico que estallaba al hacer contacto con un barco y lo llamó torpedo, porque le recordaba el pez del mismo nombre. Pero fue el ingeniero británico Robert Whitehead quien inventó el torpedo como arma con movimiento propio, impulsado por un dispositivo de aire comprimido que le permitía desplazarse a siete kilómetros por hora.

13/9/08

El infinito como límite entre el conocimiento y el lenguaje en textos de Jorge Luis Borges


Este texto es mi trabajo final para el seminario sobre "Juegos filosóficos y enigmas científicos en la literatura de Borges", dictado por Marcelo Leonardo Levinas y Emanuele Leonardi en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, durante la primera mitad de 2008.
Es largo, no creo que el Conde Mascetti lo lea, pero hay gente para todo.
Aquí va.



Dentro de las preguntas que, en mayor o menor medida, alguna vez nos formulamos podríamos enumerar; de dónde venimos; la razón de nuestra existencia; qué hay después de la muerte; cómo entender el infinito en relación al espacio, la eternidad como arquetipo del tiempo, etc. Estos problemas, tan íntimos a la ciencia y al pensamiento filosófico como a todos los seres humanos (en mayor o menor medida), han sugerido variadas respuestas a lo largo de los siglos. Sin embargo, ninguna ha sido o es concluyente, todas son teorías.
En este trabajo, auxiliado por textos de Jorge Luis Borges, además de intentar analizar aspectos de uno de los citados problemas en particular -nos referimos al infinito- cuestionaremos también aquello que conduce inexorablemente a esa bella palabra que Borges sacó del diccionario -la conjetura-, y es el lenguaje.
¿Puede saber más Borges -un escritor- que cualquier científico, matemático o filósofo? La respuesta no se reduce a negar o afirmar, la respuesta es que Borges no sólo fue uno de los más importantes escritores del siglo XX, fue un excelente lector crítico, no sólo literario, sino también científico y filosófico. En el género por él inaugurado -el cuento ensayo-, plantea estos problemas, critica, propone o denuncia estas perplejidades de un modo que a la mayoría de los pensadores le es ajena. Estamos hablando de la literatura.
En el siglo XV, Nicolás de Cusa (1) decía: “No existe proporción perfecta entre la cosa conocida y nuestro conocimiento de ella ni, en general, entre lo medido y la medida. La ciencia humana (el conocimiento humano) es, por ello, conjetural."
Cuando tratamos de pensar el infinito imaginamos el universo, el espacio vacío y negro ocupado por galaxias, estrellas, mundos, etc., pero ¿dónde termina, dónde empieza?Supongamos entonces el universo como una esfera (forma geométrica perfecta), pero allí, ¿dónde está lo infinito?, vemos sus límites y por definición (hasta ahora aceptada) el infinito es aquello que no tiene principio ni fin. Pensemos ahora en una esfera que tenga su centro en cualquier parte y su circunferencia en ninguna y tendríamos quizás una aproximación. Por otro lado podríamos calmar nuestra ansiedad al decir que el infinito tiene un límite interior pero no exterior, que el infinito limita por dentro con sí mismo y por fuera con nada, pero esa nada ¿qué es, cómo imaginarla? Podemos decir, pero imaginarlo, al menos para nosotros ya es dificultoso. Tendríamos también un infinito inverso, que es la subdivisión de la materia incontables veces. Sin embargo la ciencia (dice que) ha demostrado que hay un punto en el cual el átomo ya no es pasible de continuar partiéndolo. Es oportuno y pertinente citar el problema de Aquiles y la tortuga, una de las paradojas de Zenón de Elea (discípulo de Parménides). Borges ha dedicado explícitamente dos ensayos a esta paradoja: Avatares de la tortuga (2) y La perpetua carrera de Aquiles y la tortuga (3) e implícitamente la encontraremos dispersa por casi toda su obra, fundamentalmente cuando habla de uno de sus motivos dianoéticos favoritos: el laberinto (cfr. La muerte y la brújula, La biblioteca de Babel, El jardín de los senderos que se bifurcan, etc.) (4).
Volviendo a la paradoja de Zenón, quien decía que si sometiéramos a una carrera entre Aquiles "piesligeros" y una tortuga que estuviera a 10 metros de distancia, el semidiós más veloz sobre la tierra nunca le daría alcance. La razón que da el eleata es la siguiente: Para que Aquiles venza a la tortuga, primero deberá recorrer la mitad del recorrido que los separan y antes, la mitad de esa mitad y antes, la mitad de la mitad de esa mitad, así hasta el infinito. Si estamos de acuerdo con esto, ni Aquiles ni la tortuga se mueven. Antes de que le replicaran que sin embargo, Aquiles no solo llegará a equiparar a la tortuga sino que la rebasará llegando antes a la meta, Zenón les responderá que ello ocurre en el engañoso mundo sensible -que la doxa llama realidad-; es justamente una triquiñuela de los sentidos. El movimiento es una ilusión. El Ser es inmóvil, inmutable, eterno, continuo, no hay espacio para la nada, y como no hay espacio para ella, no existe, no es. Será más tarde el mundo de las ideas de Platón, el mundo de la perfección inmutable.
Esta paradoja, tan aparentemente ingenua y fácilmente rebatible ha resistido durante siglos los embates de sus refutadores de modo que, como dice Borges, ya puede considerarse inmortal. Borges cita en estos ensayos a Stuart Mills, Bergson, Hobbes, Leibniz, Renouvier, Cantor, Gomperz, Russel, quienes han formulado explicaciones -no siempre inexplicables y vanas-. En Avatares de la tortuga la paradoja se explicaría con la heroica teoría de conjuntos y números transfinitos de Georg Cantor (5). Contradiciendo y pervirtiendo uno de los principios fundamentales de Euclides (6), esta teoría dice que en un conjunto de números (elementos) infinitos la parte es igual al todo. Quiere decir que, por ejemplo, el conjunto de todos los números pares es igual al de los números naturales. Haciendo el ejercicio de relacionar ambos conjuntos al número par 2 le corresponde el número 1; al 4 el 2; al 6 el 3; al 8 el 4; al 10 el 5, y así hasta el infinito, porque de eso se trata, tenemos infinitos números; en el corruptor infinito tendremos la misma cantidad de números. Y así, la parte será igual al todo. Cualquier conjunto de elementos infinitos, no importa su medida (en 1 metro de espacio hay igual cantidad de puntos que en 1 km o 1 millón de km) será igual a otro.
La resistente paradoja podría explicarse así: tanto Aquiles como la tortuga se desplazan por conjuntos infinitos de puntos, los cuales dijimos eran iguales. Sin embargo difieren en su medida: los pasos que dan cada uno de los corredores son de diferente mesura.
Pero en 1902 Bertrand Russell (7) descubre la llamada “Paradoja de Russell”, que demuestra que la noción misma de conjunto, tal como la define Cantor es contradictoria. Veamos la explicación de la paradoja. Todo conjunto no vacío tiene elementos. Pensemos, por ejemplo, en un conjunto formado por tres caballos, sus elementos son esos tres caballos. Pero el conjunto en sí mismo no es caballo, por lo que el conjunto no es elemento de sí mismo. Otro ejemplo, el conjunto {1,2} tiene como elementos al número 1 y al número 2, pero ni el número 1 ni el 2 es {1,2}, luego {1,2} no es elemento de sí mismo. ¿Hay conjuntos que sean elementos de sí mismos? Sí los hay. Por ejemplo, el conjunto formado por todos los conjuntos es también un conjunto y, por lo tanto, es elemento de sí mismo. El conjunto de todas las ideas abstractas es también una idea abstracta, por lo tanto es también elemento de sí mismo. Ahora bien, dado que según Cantor, podemos reunir en un conjunto objetos cualesquiera de nuestra intuición o nuestro pensamiento, podemos entonces definir el conjunto R cuyos elementos son todos los conjuntos que no son elementos de sí mismos.
R = {A:A no es elemento de sí mismo}
¿Es R elemento de sí mismo?
Si R fuera elemento de sí mismo, entonces no cumpliría la condición que define a R y, por lo tanto, R sería elemento de R. Es decir, si R fuera elemento de sí mismo entonces no sería elemento de sí mismo. Esto es una contradicción. Deducimos del párrafo anterior que R no puede ser elemento de sí mismo. Pero si R no fuese elemento de sí mismo, entonces cumpliría con la condición que define a R y en consecuencia sería elemento de R. Entonces, si R fuese elemento de sí mismo deduciríamos que no lo es. Otra contradicción.
Las matemáticas son inevitables en este problema pues el infinito le es pertinente, o viceversa y también es corrompida por éste. La vituperada paradoja de Zenón ocasionó una fuerte revisión y reformulación del conocimiento antiguo. Los griegos decían que la naturaleza se explicaba perfectamente por medio de las matemáticas, pero las paradojas eleáticas hicieron que Aristóteles separara las matemáticas de la física.
Pero las matemáticas son también un lenguaje.
Volvemos entonces a lo que decía al principio Nicolás de Cusa: todo conocimiento de la realidad es conjetural. Y el conocimiento sólo lo podemos hacer ejercer por medio del lenguaje, el cual es conjetural, especulativo, arbitrario, parcial y por lo tanto falaz. Hablamos con metáforas, todo es como si.
El lenguaje está formado por unidades discretas -tienen principio y fin-, la palabra perro comienza con p y termina con o. El lenguaje recorta la realidad y al recortar deja de lado otros aspectos, los oculta. Pero no tenemos alternativa, no podríamos organizar nuestro pensamiento si percibiéramos en un mismo acto la enorme -¿infinita?- multiplicidad de sentido que un objeto emana (volvemos a de Cusa).
Podríamos inferir de esto que la realidad no solo es infinita, sino que es un continuo. Todo está relacionado con todo, como el conjunto de los números pares con los naturales de Cantor. Todo está hecho de la misma materia, la mayor o menor concentración de los diversos elementos químicos determina el perro, el mar, la selva, un botón, una ciudad, una bacteria, el hombre, el universo. No hay separación entre ninguno de los elementos, ni siquiera del vacío que sería un elemento oculto. Todo es un continuo del que lamentablemente no sabemos de donde viene ni a dónde va, es dramáticamente infinito. Y el lenguaje no puede explicarlo porque ha dejado hasta ahora fuera todos los demás datos necesarios para arribar a la solución del problema. Al pecar de esta abstracción el lenguaje corrompe, distorsiona, nos aleja de la verdad. Veamos qué contradictorio es concebir la palabra infinito, que tiene principio y fin, que tiene una inútil definición (es en vano definir cualquier cosa), lo que no tiene principio ni fin.
Borges era un fervoroso admirador de Chesterton, escritor cuyo procedimiento favorito era la paradoja también llamada regressus in infinitum. Es a través de las paradojas que el lenguaje se denuncia involuntariamente imperfecto para conocer conceptos tan particulares como el de la infinitud. Sin dudas elige la paradoja de Aquiles porque es la más literaria de todas las enunciadas por Zenón. Tenemos no sólo a un héroe de la literatura griega, también una persecución, un "crimen" que no puede ser resuelto aunque tengamos todas las pruebas y sepamos o creamos saber quién es el culpable. Ilustrar el problema con un lento y longevo animalejo que nunca será alcanzado por un semidiós inmortal que puede morir (otra paradoja) si le hieren el talón es un acto de creación literaria por parte del antiguo filósofo.
Ejemplos en la literatura del regreso al infinito o paradoja:
Russell: El caso del pueblo donde todos los hombres sólo deben ser afeitados por el barbero. La paradoja ocurre cuando el barbero no tenga quien lo afeite pues nadie puede afeitarse a sí mismo.
Cervantes: El puente y la horca. Todo aquel que llegare a un puente y no sepa la respuesta correcta será ahorcado. Al llegar un sujeto que responde que viene a que lo ahorquen tenemos un regressus in infinitum.
Las mil y una noches: Una de las noches Sherezade narrará al sultán la historia de ella y el sultán.
Borges: El aprendiz de adivino que al ser interrogado sobre el resultado futuro de su examen responde que lo reprobará. Encontraremos otros ejemplos en: La biblioteca de Babel, La muerte y la brújula, Las ruinas circulares, etc.

Para concluir este trabajo enunciaremos instancias literarias que hacen de Avatares de la tortuga algo más que un ensayo científico, una ficción científica (no una ciencia ficción): el ensayo-cuento. Pareciera que la volátil y escurridiza literaturidad, aquella mítica especificidad literaria diera testimonio en la obra borgeana restituyendo el sentido faltante para dar un paso más hacia la verdad.El comienzo, la grandiosa ruptura de la hoja en blanco:“Hay un concepto que es el corruptor y el desatinador de los otros. No hablo del Mal cuyo limitado imperio es la ética; hablo del infinito”. El mal es un concepto humano y como tal, limitado pues el hombre no es inmortal. Quien lo juzga es la ética. Al decir concepto se está refiriendo a algo que tiene una definición, y como dijimos anteriormente, ¿cómo definir con una unidad discreta, como lo es una palabra, algo que es continuo, infinito? El infinito es aquello que no tiene principio ni fin; sin embargo, Aquiles alcanza a al tortuga. Borges propone que admitamos la filosofía idealista para comprender estas paradojas. Un universo imaginado, soñado, mental. Pero no se queda allí; como debía ser, hacia el final, la primera vuelta de tuerca citando a Novalis:"El más grande hechicero sería el que se embrujara él mismo al punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. "Luego pregunta: "¿No sería este nuestro caso? y continúa, Yo conjeturo que así es. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso. "Otra paradoja: la indivisa divinidad que opera en nosotros; si es indivisa ¿cómo es que está presente en cada uno de nosotros?, ¿somos dioses? ¿De qué modo opera dios en nosotros, alucinando el mundo como en la Matrix (8)? Y el bellísimo final, "... hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso.", es creerse sujeto que conoce y ordena la realidad de acuerdo con su lenguaje, que sin embargo deja semiocultas salidas de emergencia, letéicas migajas de pan en el camino para poder salir del sueño y volver, eventualmente a soñarlo, acaso diferente, acaso más perturbador. En Los tigres azules, las piedras imposibles son halladas en una grieta en las rocas de una montaña.
La finalidad de las paradojas, parece querer señalarnos Borges, es recordarnos -acaso de un modo sospechosamente lúdico- que la realidad tal como la entendemos o nominamos es una mera conjetura. Todos los saberes son conjeturales, muy probablemente falsos.
Borges bien pudo haber sido un científico (lo expresa firmemente en Avatares), pero suponemos que descubrió que en la inestable literatura las posibilidades del lenguaje eran mucho mayores y gratificantes que para el conocimiento científico, y que al fin y al cabo todo se reduce a palabras, al pensamiento organizado que no tolera desconocer la legalidad secreta que rige el universo.
Sin embargo, el infinito es.





Bibliografía

De Cusa, Nicolás: http://es.wikipedia.org/wiki/Nicol%C3%A1s_de_Cusa
Borges, Jorge Luis: Obras Completas, Discusión, pg. 254-258, Emecé, 2002.
Borges, Jorge Luis: Obras Completas, Discusión, pg. 244-248, Emecé, 2002.
Borges, Jorge Luis: Obras Completas, Ficciones, Emecé, 2002.
Cantor, Georg: http://es.wikipedia.org/wiki/Cantor
Euclides; http://es.wikipedia.org/wiki/Euclides
Russell, Bertrand: http://es.wikipedia.org/wiki/Bertrand_Russell
Matrix; http://es.wikipedia.org/wiki/Matrix

10/9/08

Nymio


El día que nació el médico lo confundió con un coágulo y casi lo tira al tacho.
Cuando fue al kinder la madre se olvidaba de buscarlo todas las tardes.
En Navidad todos recibían regalos menos él.
El día de su cumpleaños (29 de febrero) era pasado por alto por todo el mundo.
Para sus vecinos, compañeros y maestros de escuela era difícil distinguirlo, les parecía una mancha borrosa que alcanzaba la pelota cuando se iba a la casa de al lado y que cumplía con sus tareas discretamente.
Todavía se preguntaba cómo hizo para convencer a una mujer de casarse con él.
Ella también.
Pasaba desapercibido en las fiestas, no salía en las fotos, le costaba encontrarse en el espejo y las puertas automáticas no lo detectaban.
Su único hijo creía que era huérfano de padre.
Nunca supo como consiguió el trabajo de cuidador de los cielos, acaso su única ocupación posible.
A veces se preguntaba atribulado si realmente existía.
En la película de su vida fue extra.
Murió antes de ayer.
De un rayo que le cayó encima mientras realizaba su trabajo.
Nadie lo lloró.
Aunque no salió en las necrológicas su paso por este mundo fue como leer el horóscopo para olvidarlo de inmediato al continuar con otra noticia.
Creemos que considerarlo noticia es demasiado, confundirlo con los invisibles (pobres) es injusto.
En el barrio el comentario de su deceso se intercaló apenas un par de veces en medio del debate sobre el empate de la selección de la semana pasada.
Su ausencia no dejó ningún vacío.
El rastro de la quemadura del rayo en medio de la plaza fue borrado por la lluvia de esta mañana.
En este instante -un modo de decir- su espíritu está atrapado en el limbo que hace poco prescribió y aunque pide ayuda a los gritos -realmente insignificantes- nadie lo oye.
Su dios está ocupado en otras cosas.
Desconocemos cómo llegamos a escribir tanto sobre él.



8/9/08

Pijorting: management moderno y proactivo



Recién llegada de USA, una nueva corriente de pensamiento proactivo y técnica derivada aplicada para maximizar las ganancias de su negocio y el rendimiento de sus empleados.
Del manual "Proactive and successful slavery in 21th century" de Bob Romporti (MBA Yale), les presento:

Pijorting
Consiste en exigirle al empleado el cumplimiento de los objetivos fijados a mediano y largo plazo en el super cortísimo plazo, por ejemplo: ayer.
Es tanto más efectiva cuando se enfatiza que los resultados no pueden esperar, que se quiere ver las ganancias ya (ansiedad corporativa) y que si no... (los puntos suspensivos van acompañados de levantamiento de ceja y suspiro; significa "te vamos a rajar de una patada en el culo).
El pijorting es una de las estrategias preferidas en el management de los recursos humanos (rrhh).
El empleado siempre rinde mejor bajo un régimen de terror e inseguridad. Infundiéndole exitosamente estos conceptos el empleado deja de sentirse un colaborador o coworker para convertirse en un esclavo que no hace otra cosa que pensar en como no perder su fuente de trabajo. Pensar las 24 hs en el trabajo (el insomnio viene con la publicidad de la empresa) es proactividad, de la buena.
Algunos dirán que el pijorting es de la época del virreinato o incluso anterior, pero ahora goza del aval científico neopositivista del imperio.
Todo es cuestión de apoyar la puntita y empujar hasta embrochetear al prójimo, dice Romporti (Everything is a matter of leaning the tip and push until eye balls jump out of employees orbits).



3/9/08

Status Quo Dirty Water


7 razones para hablar de este video y de Status Quo:

1. son elementales como el queso emmental.
2. son tan limitados como divertidos.
3. hacen solo rockanrollis.
4. rinden culto a la Fender Telecaster.
5. este tema en particular me gustó siempre (y ahora lo voy a coverear).
6. este tema está incluido en el disco más exitoso de la banda, "rockin' all over the world".
7. me gusta la zapada de Parfitt.

Una palabra misteriosa


Días atrás, T. me reveló la palabra caliborato, la cual jamás había escuchado.
La busqué en la RAE, en Word Reference (que rara vez falla) y la palabrilla por su ausencia.
Aparentemente se trata de un término uruguayo. Siguen algunos resultados de su búsqueda en Google:

"el mejor caliborato. Te estoy jalveando hace rato. y sos una pinturita. Aceptame la copita. que yo te ofrezco, primor. ¡Quién fuera ardiente licor ..."
  1. "... un elíptico pero gracioso recuerdo del tema "Angelitos negros" (sin cantarlo, menos mal, porque el do de pecho anoche no le salía ni con un caliborato). ..."
  2. "16 Oct 2007 ... Galindez se mando cuanto caliborato habia en la fiesta…….el de atras no es el tigre Gareca con el pelo corto, haciendo un changa ? ..."
  3. "B: La gente que hace el portal de radio Sarandí debería dejar el etiqueta roja adulterado de Paraguay y pasarse a un caliborato un poco menos corrosivo. ..."
  4. "unas gotitas de caliborato y bum !!! revento todo !!! 13701- 12/14/2005 3:27:00 AM Reportar esta foto · Pulsar para ver la foto mas grande ..."
  5. "MOSTROOOOOOOOOO... no creo que solo le pongas agua y azucar al bebedero...algun "caliborato" más le agregás... Ya ni comentar se puede con tus fotos... aca ..."

    Creo que por los indicios arriba mencionados puede tratarse de:

    1. una mezcla de cal y ácido bórico o borato, de ahí: caliborato.

    2. de la expresión de los indios charrúa "talibreunrato, después va a beber"; encontramos también en el "Mío Cid" uruguayo "taliberato" (la famosísima partícula "tá" uruguaya) cuando el político de origen italiano dice en el canto XXXIV:

    Es que ya han elegido candidato,
    Ma, no, ormai, no, no.
    Cuidado don Cósimo con el gato.
    El candidato, el candidato.
    Todavía non se sabe: Tadeliberato.
    Vaffanculooooooo.

    3. Pero yo le daría mi crédito a la fusión de "acá libo un rato", dicho cuando un hermano transfluvial realiza sucesivas escalas en bares y pubs para demorar el regreso a casa porque sabe que es martes y está la suegra en casa.

    Creo que habría que plebiscitar la incorporación de "caliborato" en el diccionario de la RAE.

    A juntar firmas (¿o no vale la pena?)


     

Arsenal - etimología


Es el lugar donde se construyen, reparan y conservan las embarcaciones. En ese sentido, arsenal es sinónimo de astillero. Sin embargo, hoy es empleado principalmente como nombre de un ‘depósito de armas, municiones y pertrechos de guerra’.

Debe desecharse la falsa etimogía latina ars navalis (artes o técnicas navales). En efecto, arsenal proviene del vocablo árabe hispánico darsinaa, formado por dar (casa) y sinaa (obra de construcción). La etimología es la misma de dársena, un ‘lugar resguardado artificialmente en la costa de aguas navegables para la carga o descarga cómoda de embarcaciones’.