21/6/08

Deus ex machina


Qué hace que consideremos a un texto literario como bueno o malo (útil o innecesario), es quizás la segunda pregunta que todo lector gourmet alguna vez se hará (la primera sería qué cosa confiere literaturidad a un texto*).

Un texto literario tiene al menos dos ingredientes fundamentales: el qué se cuenta (bien ¿y Ud.?) y el cómo se cuenta.

De esto se desprende que una historia puede estar bien narrada mientras que la trama es mala y viceversa; cada vez que escribo me pregunto qué es preferible, y creo que narrar mal es más imperdonable que un argumento malo.

Cuando comencé a escribir, allá por 1997, creía que escribía aceptablemente y que mis temas eran geniales. J. Panesi padeció la lectura de mis primeros cuentos a los que piadosamente criticó más o menos así: Tu prosa es elegante pero tus tramas son muy deus ex machina.
Genial, me dije. Luego me pregunté, qué es deus ex machina, y después vi el pero y algo malo presentí. Busqué en Google qué era el famoso deus ex machina y arrojó la siguiente definición:
Deus ex machina es una expresión latina que significa «dios surgido de la máquina», traducción de la expresión griega «απó μηχανῆς θεóς» (apó mekhanés theós). Se origina en el teatro griego y romano, cuando una grúa (machina) introduce una deidad (deus) proveniente de fuera del escenario para resolver una situación. (...) Actualmente es utilizada para referirse a un elemento externo que resuelve una historia sin seguir su lógica interna.
Lo que el buen JP quiso decirme sin que me desmoralizara era que mis tramas eran forzadas, pésimas, ¡justo aquello que yo creía digno del Nobel de literatura!
Pero era lo que necesitaba de una vez por todas, alguien que me dijera que lo que escribía no era bueno o útil (está bien, está bien, para qué sirve la literatura, no importa, uds. me entienden), pero no irremediable.
Hoy sé que el único camino para escribir bien es escribir y leer a otros, o leer a otros y escribir, en el orden que quieran.
Así se evoluciona, no sé para dónde, pero sí puedo decir que uno toma distancia crítica, se da cuenta de que hoy no escribe igual que ayer, que ya superó ciertos vicios (aunque esté ahora preso de otros). Comparen los textos tempranos de cualquier autor con los de su zenit, caso Borges o García Márquez o su primo Macaya y después me cuentan.

Si bien no creo haber superado mi tendencia a la deusexmachinidad pongo todas mis ganas en contar bien, en notar el detalle perdido antes que la salida original.
Elevar a la excelencia una situación insignificante por medio de la narración era uno de los dones de Kafka, quien ni siquiera escribía en su lengua materna sino en aquella imperial que lo oprimía.
Una pequeña historia bien contada se convierte en grande, una gran historia mal contada es difícil de hallar, generalmente se la considera mala historia o un pecado.

Endemientras, sigo escribiendo.
Algún día seré un consumado e irremediable mal escritor; entonces los dejaré en paz y me dedicaré por fin a ejercer la proactividad.

*El intento de respuesta a la primera pregunta salió publicada en Magma Arte Junio/Julio 2008.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Je, supongo que todos pasamos por lo mismo. Yo ahora que estoy yendo a un taller de escritura me voy dando cuenta de cosas a las que antes no les daba ninguna bola.

Supongo que los que intentamos escribir mejor entendemos que estamos en un proceso de evolución :D

O nos consagramos, como vos decís, como malos escritores, jejeje.

Saludos,t

El Burgués Apóstata dijo...

transmu, de todos modos creo que escribir mal tiene mayor posibilidad de redención que la falta de ideas.
basta con leer (copiar) a otros, luego tu estilo llegará (o no, ji).

Anónimo dijo...

Es que es como eso que dice que lo peor que has escrito es mejor que lo mejor que no has escrito :P