12/5/08

Uno de los trazos de Dios


Mi nombre es Malthus, lo cual es falso.

Trabajo para los Servicios Especiales de mi Gobierno. De tu Gobierno.

Habíamos llegado a un punto en el cual no solo escaceaban los alimentos, también el agua y en breve -así lo aseveraron nuestros científicos- el aire que tan gratuitamente respirábamos diez años atrás.
Habíamos arribado también a la conclusión de que lo único que sobraba era gente.

La decisión fue difícil de tomar, aseguran desde los cargos más altos, pero era inevitable.

Aunque el Gobierno tiene la suma del poder público jamás realizaría abiertamente (a los indiscretos ojos de los medios internacionales) selecciones y reducciones necesarias en la raza humana para equilibrar recursos y gente.

No podríamos escapar de ser juzgados de arbitrarios.

Sin embargo, somos la nación más avanzada del planeta y es nuestros deber salvar al mundo de su aniquilación; para ello hemos desarrollado la Máquina.

Queda para lo anecdótico el modo de su descubrimiento; dicen que el científico responsable dijo deberle todo a la búsqueda y pérdida de un positrón, que en el desconcierto de los instrumentos divisó uno de los trazos de Dios con los que había diseñado el Universo. Ese trazo era el secreto del tiempo.

Una vez superados los desatinos iniciales de la Máquina (desatinos que fueron pagados con la vida del científico y su equipo), se hicieron las primeras pruebas exitosas.
Luego, crearon la Brigada a la cual tengo el honor de pertenecer.

Todos estábamos condenados a muerte por asesinos perfectos hasta que gracias a la Máquina nos ofrecieron un trato al que no pudimos renunciar; era morir o salvar al mundo.
Naturalmente, aceptamos todos con orgullo.
Menos uno.

La misión que nos asignaron fue viajar mil años al pasado y suprimir, cada uno de nosotros, una pareja que estuviera por concebir su primogénito.

Parece insignificante. Matar, digamos, cien personas hoy no cambia en absoluto el presente, pero hacerlo hace mil años, borrar mil años de descendencias...

Cada pareja (cuidadosamente seleccionada por los científicos, siempre supervisados por los rangos superiores del Gobierno) significaba un árbol genealógico con al menos veinte generaciones más sus respectivas ramificaciones. Multiplicarlas por las otras ablaciones da un número importante que no estoy capacitado para calcular, pero hoy somos tantos...

Fue fácil, no puedo negarlo.
Y placentero.

Continúo sin entender por qué está penado matar un ser humano; ¿acaso no matamos hormigas, cucarachas, liebres por plaga, asco y diversión?

Soy el ángel de la muerte, les dije sin poder contener una carcajada y la sangre que rebotaba en los cristales, la mesa, la alfombra.

Espero me den otra misión cuando vuelva.
Ya en la cápsula apreté el botón rojo y el visor avanzó los mil años que me devolvieron al presente.

En verdad, esperaba encontrarme con más vegetación, con un cielo limpio, con árboles y sus frutos deliciosos, animales paciendo mansamente, agua cristalina corriendo por los arroyos, pero todo era demasiado. Demasiado verde, cielo, animales, agua.
No veo a nadie.

Veo mi reflejo en la ventanilla de la cápsula y tengo un aspecto traslúcido.
Tengo una rara sensación de extición.
Doy unos pasos y vuelvo a la ventanilla para encontrarme.
Era demasiado, demasiado.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Loco lindo este Malthus, a quién fue a matar mil años atrás? A su tatara-recontramil-abuelo Thomas? Se habrá llevado a Adam Smith también?

Hay una agencia de selección de directivos en España que le pusieron Malthus Darwin de nombre, cuyo lema es "Winners selectors". Suena a humor negro...

El Burgués Apóstata dijo...

Da para otro cuento la agencia Malthus Darwin, acaso más nefasto que éste.
La realidad supera la ficción.