30/3/08

El destino de las palabras


Luego del post Macedonias... me quedó picando aquel tema que tanto preocupa a los defensores y detractores del bien hablar y escribir.

Los unos dicen que la lengua debe ser protegida frente a los modismos, giros y deformaciones; los otros, que hay que hacer lo que a cada uno le venga en gana.

Yo fui educado en la época en que el lenguaje, la ortografía y la sintaxis eran una santísima trinidad a la cual debía rendírsele culto bajo pena de ir al infierno. Tal vez por mi temprano gusto letril no padecí esa amenaza y si me lo hubieran ofrecido entonces con gusto hubiera hecho las veces de inquisidor (no olvidar que el inquisidor es más ignorante que sus víctimas).

De todos modos, reconozco que me molesta leer textos con errores ortográficos, mal uso de los tiempos verbales, mala sintaxis, etc.; son fundamentales para la comprensión de lo que se quiere decir.

Considero este tipo de errores imperdonable en un profesional o universitario.

Sí, todo un déspota.

En cambio, en la gente de menos de 30 años el problema es otro. No sé cuando se instauró en los colegios la famosa lectoescritura (escritura pseudofonética), donde los escolares prestaban (y prestan) nada de atención a la ortografía pues sus docentes les decían que escribieran como les pareciera, que después habría tiempo para corregir.

Eso es pura mierda y de la peor.

Los pibes siguen escribiendo como el culo y conste que mierda y culo son dos necesarias y hermosas palabras que afortunadamente figuran en el diccionario.
Y como escriben también hablan; su vocabulario es como decía anteriormente, de no más de 200 palabras, y puedo dar fe de ello.

Por otro lado, es deseable y hasta saludable que el lenguaje esté en evolución permanente. A esto la RAE responde resistiéndose a incorporar neologismos, vocablos foráneos y bastardos acusándolos de modas pasajeras. Ellos argumentan que es un disparate inflar el diccionario con palabras cuya vida es brevísima.
Esta vorágine de nuevos términos viene de la mano de la influencia y contaminación que tiene el lenguaje cibernético en la vida diaria y también por el que diseñan los jóvenes, que son quienes ponen permanentemente a prueba la lengua, hasta se podría decir que son subversivos lingüísticos, resignificando palabras para no poder ser entendidos, para diferenciarse de los que les dicen qué y cómo hay que hacer, de los que imponen los regímenes, cualesquiera sean.
En esto estoy de acuerdo, mientras que no admito que se escriba hacer sin hache, había con ve corta o se reemplaza la qu con ka, por dar ejemplos.

Es cierto que al hablar hay varios fonos que no distinguen significado y que por lo tanto habría letras (signos) sobrantes, pero el castellano "moderno" es una lengua que merece ser escrita con todos los colores. La lengua, decía Saussure, es un tesoro compartido por todos los hablantes.

Suprimir, simplificar, borrar términos, es peligroso.
Cuanto menos palabras dispongamos más fácilmente nos dominarán los sesos.

PS: Es altamente probable que este y todos mis posts tengan errores condenables. Aunque muchos son totalmente voluntarios, no pondré reparos para irme al infierno sin chistar.

3 comentarios:

dámaso alonso y fernández de las redondas dijo...

Lo que me cuesta mucho es leer..., leer aquellos textos mal redactados, faltas de ojetegrafía (con "j" o con "g" va?), sin puntuación, se me hace demasiado lento, ya que mi lectura es casi fotográfica, leo de memoria sin "leer". Entonse me r ompe las volas k me escrivan hací.
Estoy de acuerdo con Ud. (cómo sabemos que significa Usted?) señor Apóstata, en este caso hay ser bien facho, se hace lo que la RAE dice!!!

Prof. Weissenstein dijo...

Estimado Burgués.
Coincido con Usted en esta cuestión. Sin embargo, permítame un pequeño comentario.
La RAE no se opone a la incorporación de neologismos, solo que no se apresura y lo hace cuando la palabra en cuestión ha demostrado perduración y aceptación en su empleo. Al mismo tiempo, elimina del diccionario palabras vetustas que han caído en desuso. A diferencia del de otras lenguas, el diccionario de la RAE es un compendio vital que se mantiene actualizado y coherente con la realidad del lenguaje. A la vez que normaliza, es fiel reflejo de la lengua viva.
A los que escriben como el culo por propia decisión los calificaría de terroristas y no de subversivos, una diferencia fundamental. Lastiman indiscriminadamente al desprevenido e infortunado lector que posa sus ojos sobre sus horrendos textos. Esos merecen mi más profundo desprecio.

Atte.
Prof. Weissenstein

el burgués apóstata dijo...

Estimado Herr Professor,

Es absolutamente cierto lo que Ud. dice de la RAE.
No sé si estaré de acuerdo con aquello de terrorista, aunque sí lo estoy en que repudio la voluntad de escribir mal.
En el arte a los que, según la crítica, vituperan los cánones son discriminados hasta que años más tarde, probablemente luego de su muerte, serán reconocidos.
Algunos ejemplos: van Gogh, Baudelaire, Flaubert, el mismo Borges al principio.
Claro, Ud. me dirá que no atacaban deliberadamente la ortografía ni la sintaxis, pero y si dentro de unos años esta blasfemia se convierte en cánon? en realidad, la respuesta sería que me liben una gónada, yo seguiré escribiendo "bien".